Cada 5 de junio, desde 1974, celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente, efeméride proclamada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) para poner en valor la importancia de la protección medioambiental.
Este año, bajo el lema “Una sola Tierra”, persigue concienciar sobre la “triple emergencia” planetaria, constituida por amenazas como el calentamiento global, el aumento de la contaminación y la pérdida de hábitats. Asimismo, con esta celebración se pretende animar y fomentar la protección y restauración de nuestro planeta, reivindicando un modo de vida sostenible y en armonía con la naturaleza. La edición de 2022 tiene, además, el objetivo de conmemorar el 50 º aniversario de la Conferencia de Estocolmo, el primer gran evento internacional sobre medio ambiente organizado por la ONU, y que derivó en la creación del actual PNUMA. Por esta razón, la capital sueca ha sido designada como la anfitriona del Día Mundial del Medio Ambiente 2022.
Según el informe sobre el Estado del Clima Mundial de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), cuatro de los indicadores clave del cambio climático alcanzaron valores sin precedentes en 2021. Así, la actividad humana está afectando a escala planetaria a las concentraciones de gases de efecto invernadero, la subida del nivel del mar, el contenido calorífico del océano y su acidificación. El citado informe también alerta del aumento de las temperaturas, confirmando que los últimos siete años han sido los más cálidos de los que se tiene constancia.
Por su parte, el reporte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) sobre los impactos del calentamiento global de 2019, estima que las actividades humanas han causado un calentamiento global de aproximadamente 1 °C con respecto a los niveles preindustriales. En muchas regiones y estaciones del año, el aumento de las temperaturas supera el promedio mundial anual, y existen zonas especialmente vulnerables como el Ártico, donde el calentamiento puede llegar a ser el doble o el triple.
En este contexto, la tercera entrega del Sexto Informe de Evaluación del IPCC establece el objetivo de limitar el aumento medio de la temperatura global en este siglo por debajo de 1,5 ºC, con el fin de evitar impactos catastróficos en el medio ambiente. Con los datos actuales, el PNUMA considera que hay un 50 % de posibilidades de que el calentamiento global supere esa cifra en las próximas dos décadas.
Frente a esto, la principal solución que se propone es reducir a la mitad las emisiones anuales de gases de efecto invernadero para el año 2030. Actualmente, según datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), hasta el 67 % de las emisiones de estos gases se asocian a nuestro actual estilo de vida, y solo un cambio hacia otros modelos más sostenibles podría reducir nuestras emisiones entre un 40 y un 70 % para 2050.
De lo contrario, según advierte la OMM, la exposición a aire contaminado aumentará en un 50 % solo en esta década. El organismo, además, indica que otros tipos de contaminación como la ocasionada por residuos plásticos, que afectan especialmente a los ecosistemas acuáticos, podrían triplicarse para 2040. En datos del PNUMA, se estima que el coste económico global de la contaminación por plásticos en el medio marino para el turismo, la pesca y la acuicultura, ha oscilado entre los 5 y los 18 billones de euros en 2018.
Precisamente, el impacto sobre los ecosistemas y la pérdida de biodiversidad es otra de las amenazas presentes en la actualidad. Naciones Unidas señala que alrededor de un tercio de las tierras de cultivo del mundo están degradadas, cerca del 87 % de los humedales interiores del mundo han desaparecido desde 1700 y un tercio de las especies comerciales están sobreexplotadas. Además, los sistemas alimentarios serían responsables del 80 % de la pérdida de biodiversidad y la pérdida de los ecosistemas estaría afectando a unos 3.200 millones de personas, el 40 % de la población mundial. En este contexto, la organización subraya que restaurar el 15 % del suelo convertido en tierras de cultivo mientras se detiene la degradación de los ecosistemas naturales podría evitar el 60 % de la extinción prevista de las especies.