Cada 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1992 con el objetivo de sensibilizar a la población sobre la importancia de este recurso esencial y promover medidas para su conservación. Este año, la efeméride pone el foco en la igualdad de género bajo el lema «Donde fluye el agua, crece la igualdad«. La campaña subraya la profunda interconexión entre el acceso universal a los recursos hídricos y la equidad de género.
La crisis hídrica mundial afecta a toda la población, aunque de forma profundamente desigual. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), 2.100 millones de personas carecen de acceso a servicios seguros de agua potable a nivel global. En los territorios sin infraestructuras cercanas al hogar, las brechas sociales se acentúan y son las mujeres y las niñas quienes sufren las peores consecuencias. Las cifras revelan que 1.800 millones de personas continúan sin abastecimiento directo en sus viviendas. En dos de cada tres de estos hogares, la población femenina asume la responsabilidad principal del suministro. Esta carga física y mental las obliga a sacrificar su educación, su desarrollo profesional y su participación pública. Ellas asumen la gestión del recurso y el cuidado de los familiares enfermos a causa del consumo de agua insalubre, una realidad que provoca la muerte diaria de unos 1.000 niños menores de cinco años.
A pesar de este impacto, las mujeres quedan sistemáticamente excluidas de los procesos de toma de decisiones. A escala global, según los registros del Banco Mundial, la fuerza laboral femenina apenas alcanza una quinta parte del empleo en el sector hídrico y cerca del 14% de los países carece de mecanismos institucionales para garantizar una representación paritaria en las decisiones relacionadas con el agua.
Para abordar esta brecha, la ONU ha presentado el Informe Mundial sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2026. Bajo el título «Agua para todas las personas. Igualdad de derechos y oportunidades«, el texto aporta un diagnóstico exhaustivo y define soluciones prácticas orientadas a promover la equidad. La publicación enfatiza que el acceso a un suministro salubre y asequible constituye un derecho humano inalienable, un pilar para la igualdad de género y un requisito indispensable para consolidar una gobernanza resiliente. Garantizar a la población femenina el mismo nivel de voz y liderazgo resulta vital para diseñar infraestructuras más inclusivas, sostenibles y eficaces a largo plazo.
EL ESCENARIO HÍDRICO EN ESPAÑA
En el territorio nacional, la disponibilidad y la calidad de recursos hídricos representan desafíos críticos para la salud pública y la gestión ambiental. A esta situación se suma el problema de la contaminación, impulsada por la presencia de nitratos. Un análisis de DATADISTA revela que al menos 257.000 personas de 332 municipios españoles no pudieron consumir agua del grifo en 2024 debido a la contaminación por nitratos.
En paralelo, la salud del medio acuático continúa bajo una presión extrema. Los datos de la Oficina de Ciencia y Tecnología del Congreso de los Diputados indican que solo el 55 % de las masas de agua superficiales presentan un estado global bueno. A este panorama se unen las proyecciones climáticas, que apuntan a un descenso moderado de las precipitaciones y a un incremento generalizado de las temperaturas durante las próximas décadas. De acuerdo con los escenarios previstos para España, los modelos científicos estiman reducciones significativas en los recursos subterráneos. De hecho, la recarga puede experimentar caídas medias de hasta un 11% para el año 2045, con mermas superiores al 20% en más de una décima parte del país.
Afrontar este reto y garantizar la disponibilidad hídrica constituye una meta vinculada de forma directa con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En este Día Mundial del Agua, las instituciones internacionales reclaman inversiones urgentes en modelos de gestión transparentes y marcos políticos capaces de empoderar a la población femenina. Cuando las estrategias incorporan a las mujeres como ingenieras, agricultoras, científicas o líderes comunitarios, la sociedad en su conjunto prospera y el recurso hídrico se transforma en una verdadera fuerza impulsora del bienestar común.