Cada 17 de junio se conmemora el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, una fecha establecida por la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 1994 para sensibilizar sobre la degradación de los suelos y la escasez de agua, y promover actuaciones sostenibles frente a estos desafíos. Este año, bajo el lema «Pastizales: Reconocer. Respetar. Restaurar», la conmemoración se centra en uno de los ecosistemas más extensos y, a la vez, más desatendidos del planeta. La efeméride coincide además con el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, declarado por la ONU para reivindicar su valor ecológico.
Los pastizales cubren casi la mitad de la superficie terrestre, concentran cerca del 30% de las reservas de carbono orgánico del suelo y regulan el ciclo del agua a escala planetaria. Pese a ello, el informe Perspectivas Mundiales de la Tierra sobre pastizales y pastores, presentado por la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), estima que hasta el 50% de estos ecosistemas están degradados o en riesgo, con consecuencias directas sobre la seguridad alimentaria, la biodiversidad y el clima.
Asimismo, el Panel de Datos de la CNULD, elaborado con informes de 126 países, refleja la magnitud del problema. Entre 2015 y 2019, el planeta perdió al menos 100 millones de hectáreas de tierras sanas cada año, una superficie equivalente al doble de Groenlandia, afectando directamente a 1.300 millones de personas. Actualmente, 1.560 millones de hectáreas de tierra están catalogadas como degradadas, el 15,4% de la superficie reportada. Además, 1.840 millones de personas viven en tierras afectadas por la sequía.
Nuestro país no es ajeno a este deterioro. El Atlas de la Desertificación en España, elaborado por universidades y centros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), con apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, revela que el 43% del territorio nacional sufre procesos de degradación de la tierra, cifra que asciende al 61% en las zonas áridas. Cerca del 67% del territorio español se clasifica ya como zona árida, y cuatro de cada cinco personas residen en estas áreas. Sus consecuencias son ya visibles en ecosistemas emblemáticos como Doñana, las Tablas de Daimiel o el Mar Menor.
RESTAURAR LOS SUELOS Y REFORZAR LA RESILIENCIA DEL TERRITORIO
Sumado a esta iniciativa, la Fundación Biodiversidad impulsa distintos proyectos para afrontar la degradación del suelo y avanzar hacia territorios más resilientes mediante la generación de conocimiento científico, la restauración de ecosistemas y el apoyo a actividades sostenibles en el medio rural.
En esta línea, la convocatoria de ayudas FEDER para el fomento de la bioeconomía respalda proyectos que combinan el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales con la restauración ecológica, la mejora de la infraestructura verde, la conectividad de los paisajes y la prevención de incendios forestales. Estas actuaciones contribuyen a generar empleo y nuevas oportunidades en el medio rural, favoreciendo la conservación de los suelos y la fijación de población. Asimismo, los proyectos de la línea de ayudas renaturalización urbana, cofinanciados asimismo por FEDER, refuerzan estos objetivos mediante soluciones que mejoran la adaptación al calor extremo y fortalecen la infraestructura verde en las ciudades.
La investigación desempeña también un papel fundamental. La convocatoria destinada a este ámbito apoya iniciativas que aportan nuevas herramientas para comprender y anticipar los procesos de degradación del territorio. Entre ellas destaca MED-GeoSoil, desarrollado por la Universitat de les Illes Balears, que analiza la erosión del suelo en ecosistemas mediterráneos a partir de datos recopilados durante más de 13 años sobre escorrentía y transporte de sedimentos para mejorar la evaluación de riesgos. Por su parte, REMIcro de la Asociación Micorriza junto a la Universidad de Sevilla trabaja en la restauración ecológica postincendio en el Alto Tajo, contribuyendo a reforzar la resiliencia de los ecosistemas forestales y a recuperar su funcionalidad ecológica.
A través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), financiado por la Unión Europea–NextGenerationEU, también se han impulsado proyectos que amplían el conocimiento sobre los procesos de aridificación y degradación de los ecosistemas. ARIDESP, coordinado por la Estación Experimental Aula Dei del CSIC, desarrolla una plataforma de monitorización en tiempo real de la aridez climática y plantea escenarios que indican que, con un aumento de 3 °C de la temperatura, las zonas semiáridas de la península podrían expandirse un 18%. Por su parte, DESFUTUR, liderado por la Universidad de Córdoba, analiza cómo los incendios forestales, el decaimiento de masas arboladas y las especies invasoras influyen en estos procesos en el sudeste peninsular, trasladando sus resultados a la gestión y planificación del territorio.
El Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía recuerda que conservar y restaurar los suelos es una inversión estratégica para reforzar la seguridad alimentaria, aumentar la resiliencia frente al cambio climático y generar oportunidades de desarrollo en las zonas más vulnerables. Reconocer el valor de los pastizales y de las personas que los gestionan resulta esencial para garantizar su futuro y el de los servicios ecosistémicos que proporcionan.