Cada 21 de marzo celebramos el Día Internacional de los bosques, una fecha proclamada en 2012 por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo de impulsar la importancia de todos los tipos de bosque e intentar generar consciencia y fomentar su conservación.
Cada 21 de marzo celebramos el Día Internacional de los Bosques, una fecha proclamada en 2012 por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo de impulsar la importancia de todos los tipos de bosque e intentar generar consciencia y fomentar su conservación.
Con el lema “Bosques: consumo y producción sostenibles” en este 2022 se pretende hacer un llamamiento a la sociedad para impulsar la elección de madera sostenible como una acción favorable para el planeta y las personas, ya que a pesar de los beneficios ecológicos, económicos y sociales que brindan los bosques, en la actualidad siguen amenazados por causas como la deforestación, los efectos derivados del cambio climático o la sobreexplotación de sus recursos.
A pesar de que los bosques cubren poco más del 30 % de la superficie terrestre mundial, albergan más del 80 % de las especies animales y vegetales. Estas masas forestales, actúan como sumideros de carbono, absorbiendo el equivalente a aproximadamente 2.000 millones de toneladas de dióxido de carbono al año. Además, muchos ríos y arroyos tienen su origen en los bosques, donde los árboles actúan como filtros y proporcionan agua limpia apta para el consumo.
Asimismo, a nivel mundial, más de 1.600 millones de personas en el mundo dependen de los bosques para sobrevivir ya que proporcionan energía, alimentos o medicinas. Se estima que más de la mitad de la producción económica mundial depende de los servicios de los ecosistemas, entre los que se incluyen los servicios de los bosques. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas, el sector forestal genera puestos de trabajo para al menos 33 millones de personas y se calcula que la mitad de toda la población mundial utiliza productos forestales no madereros (semillas, resinas, fibras, etc.) para mejorar su bienestar y sus medios de subsistencia. Además, reemplazar los materiales menos sostenibles por madera renovable y por productos derivados de los árboles podría contribuir a la reducción de la huella de carbono.
El informe, El estado de los bosques del mundo (2020) elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) destaca que la expansión agrícola sigue siendo la principal causa de deforestación y fragmentación del bosque y la pérdida asociada de biodiversidad forestal.
Entre 2015 y 2020, se estima que la tasa de deforestación en el mundo fue de 10 millones de hectáreas al año y que la superficie de bosques primarios ha disminuido en más de 80 millones de hectáreas desde 1990. Además, más de 100 millones de hectáreas de bosques se estarían viendo afectadas por incendios forestales, plagas, enfermedades, especies invasivas, sequías y fenómenos meteorológicos adversos.
De la misma manera, el informe alerta de que a pesar de que los bosques y masas forestales están compuestos de más de 60.000 especies arbóreas diferentes, 20.000 de ellas están incluidas en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y más de 8.000 se califican como amenazadas a escala mundial (En peligro crítico, En peligro o Vulnerable).
El documento, además pone en valor la restauración forestal, destacando que, si se ejecuta de forma adecuada, ayudaría a restaurar los hábitats y ecosistemas, crearía empleo e ingresos y sería una solución eficaz para el cambio climático basada en la naturaleza.
La Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha contribuido, desde sus inicios, a la mejora directa e indirecta del estado de conservación y la protección de los bosques, prestando apoyo a numerosas iniciativas para el desarrollo de diversas actuaciones como la promoción de la gestión responsable de los bosques, la sostenibilidad forestal, así como la importancia de la compra responsable de productos forestales. También se ha contribuido a potenciar la generación de conocimiento científico, fomentar la sensibilización y la divulgación a la sociedad sobre la necesidad de conservar los bosques o impulsar acciones que han buscado reducir las emisiones de gases efecto invernadero y mitigar los efectos derivados del cambio climático mediante la reforestación y la conservación de los bosques. Además, se ha podido contribuir en la preservación de estos espacios y la mejora de su patrimonio natural y biodiversidad también en espacios de alto valor natural incluidos en la Red Natura 2000.
En línea con estos objetivos, la Fundación ha apoyado a través de convocatorias de ayudas a más de 60 proyectos, destinando más de 4 millones de euros. Actualmente dos de ellos se encuentran en ejecución.
Así, la Fundación Global Nature (FGN) lleva a cabo una iniciativa que busca aumentar la resiliencia de los bosques del sur de Europa frente a los efectos derivados del cambio climático, a través de un modelo de gestión adaptativa. El modelo busca incluir instrumentos para una mejor toma de decisiones en la gestión de los montes, en los que además se tengan en cuenta los indicadores de cambio climático. También persigue recoger actuaciones de reforestación en tierras agrarias y la transferencia de resultados que permitan elaborar políticas y estrategias a nivel regional, nacional y europeo.
Por su parte, el Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña (CTFC) trabaja en el seguimiento de los efectos de sequía extrema sobre la estructura y la biodiversidad vegetal de las formaciones arbustivas mediterráneas del este peninsular. Para ello, desarrolla un sistema de alerta mediante la adaptación del simulador Medfate, que permite la visualización y la predicción de la evolución de estas especies en función de distintos escenarios climáticos.