El 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, una fecha establecida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) con el fin de concienciar y sensibilizar sobre la necesidad de disminuir el hambre en el mundo y poner en valor los recursos que nos ofrece la naturaleza como proveedora de alimentos.
Este año, bajo el lema “El derecho a los alimentos para una vida y un futuro mejores”, se pone el foco en la alimentación como un derecho humano, reconocido por la Declaración Universal de Derechos Humanos y dos convenios internacionales. La campaña pretende crear conciencia en todo el mundo sobre la necesidad de que todas las personas tengan acceso a una variedad de alimentos nutritivos, asequibles, accesibles, inocuos y sostenibles.
La alimentación es la tercera necesidad humana más básica después del aire y el agua. Sin embargo, no todas las personas tienen acceso a los alimentos que necesitan para llevar una vida sana.
A pesar de que en todo el mundo se producen alimentos suficientes para alimentar a más personas que la población mundial existente, el hambre persiste. Según datos de la FAO, alrededor de 733 millones de personas padecen hambre, principalmente debido a los conflictos, crisis meteorológicas, desigualdades y recesiones económicas. Además, más de 2.800 millones de personas no pueden permitirse una dieta saludable. Las dietas no saludables son la causa principal de todas las formas de malnutrición: desnutrición, carencia de micronutrientes y obesidad, que ahora existen en la mayoría de los países y afectan a todas las clases socioeconómicas. Es decir, casi la mitad de la población mundial hoy en día no está obteniendo los nutrientes que necesitan para crecer y, en algunos casos, para sobrevivir.
Los actuales sistemas agroalimentarios, en su conjunto, son vulnerables a los desastres y las crisis, en particular a las consecuencias del cambio climático, pero al mismo tiempo generan contaminación, degradan el suelo, el agua y el aire, y contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero y a la pérdida de biodiversidad. Según el informe Food Puzzle de WWF, el actual sistema alimentario provoca el 80% de la pérdida de biodiversidad y casi un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, el 40% de la tierra y el 70% del agua disponible se utiliza para la producción de alimentos.
Por eso, la FAO apunta a la importancia de transformar los sistemas agroalimentarios para garantizar que nuestros alimentos sean no solo abundantes y asequibles, sino también diversos y nutritivos.
En este contexto, la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU, apoya proyectos transformadores, que buscan contribuir a una producción sostenible aplicada en diversos sectores alimentarios.
Es el caso de proyectos como BARBANZA ECOSOCIAL, liderado por la Fundación RIA, que busca fomentar una transición hacia la sostenibilidad ambiental y fortalecer la resiliencia en la gestión de los montes del Barbanza (Galicia). Su enfoque incluye la transformación y comercialización de productos alimentarios a través de la creación de un centro especializado y el desarrollo de redes agroalimentarias. Además, el proyecto promueve la diversificación de los usos de los montes, recuperando áreas degradadas y mejorando su productividad.
Por su parte, el proyecto Plantas Olvidadas, coordinado por la Cooperativa Eixarcolant SCCL, se enfoca en la revalorización de los alimentos forestales como herramienta para una gestión sostenible del territorio. Con presencia en diversas comunidades autónomas, este proyecto busca generar, aplicar y transferir conocimiento sobre la gestión forestal, promoviendo la conservación, la resiliencia y una bioeconomía basada en plantas comestibles. Su trabajo se centra en la creación de nuevos productos gastronómicos a partir de frutos silvestres, la implementación de modelos de gestión forestal en parcelas piloto y el desarrollo de estrategias de valorización y comercialización. El objetivo principal es demostrar cómo se puede generar economía local, al mismo tiempo que se fomenta la biodiversidad y la resiliencia de los ecosistemas forestales.
En Aragón, el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (CITA) lidera el proyecto FUNGIVERSO, cuyo objetivo es gestionar de manera sostenible la biodiversidad fúngica como fuente de servicios ecosistémicos en las zonas rurales. Este proyecto, que abarca toda la región, busca estructurar y fortalecer el sector micológico mediante el acompañamiento a propietarios, gestores, usuarios y emprendedores en la creación de Parques Micológicos basados en un modelo científico y sostenible. FUNGIVERSO promueve la resiliencia del ecosistema, impulsa el micoturismo de calidad, fomenta la creación de nuevos negocios sostenibles e inclusivos y favorece el intercambio de buenas prácticas y la sensibilización social.