Cada 26 de julio se celebra el Día Internacional de la Conservación del Ecosistema de Manglares, una fecha proclamada en 2015 por la UNESCO para concienciar sobre su importancia y promover su protección y gestión sostenible.
Según esta organización, los manglares son ecosistemas excepcionales situados en la interfaz entre la tierra y el mar, que aportan beneficios ambientales, sociales y económicos esenciales. Actúan como barreras naturales frente a tormentas, tsunamis, marejadas y la erosión costera, protegiendo a las comunidades cercanas. Son hábitats ricos en biodiversidad y funcionan como criaderos y zonas de alimentación para peces, crustáceos, aves y otros animales. Además, protegen arrecifes de coral y praderas marinas al evitar la sedimentación.
Asimismo, estos ecosistemas desempeñan un papel fundamental en la mitigación del cambio climático, ya que, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), los manglares pueden capturar hasta cinco veces más carbono que los bosques terrestres, contribuyendo así a la reducción de gases de efecto invernadero.
Sin embargo, los manglares están gravemente amenazados. Se estima que su cobertura se ha reducido a la mitad en los últimos 40 años y que tres cuartas partes de los manglares del mundo están siendo destruidos, con una pérdida anual aproximada del 1%. Esta situación pone en riesgo tanto a la biodiversidad que albergan como a los servicios ecosistémicos que ofrecen, aumentando la vulnerabilidad de las poblaciones costeras frente al cambio climático.
Organizaciones internacionales como UNESCO y la Alianza Global por los Manglares (Global Mangrove Alliance) impulsan su conservación, restauración y uso sostenible. Estas iniciativas buscan frenar su degradación, restaurar su cobertura en un 20% para 2030 y promover soluciones basadas en la naturaleza que contribuyan a la adaptación climática, la seguridad alimentaria y el bienestar de las personas.
Los manglares son un recordatorio de la interdependencia entre las personas y la naturaleza, y su protección es clave para lograr un futuro más sostenible y resiliente para las comunidades costeras y el planeta.