Cada 23 de marzo se conmemora el Día Meteorológico Mundial, una efeméride impulsada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) desde 1950. Esta edición adopta el lema «Observar hoy, proteger el mañana» con el objetivo de destacar la contribución esencial de los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales a la seguridad de la sociedad. Las observaciones continuas conforman la columna vertebral de la resiliencia y sustentan sistemas de alerta temprana capaces de salvar millones de vidas. Disponer de datos hidrológicos y climáticos precisos resulta cada vez más urgente ante la posibilidad de superar el límite de aumento de temperatura de 1,5 °C establecido en el Acuerdo de París.
A pesar de la necesidad de interconexión global, persisten enormes brechas geográficas en la recopilación de información. Subsanar esta carencia en regiones vulnerables como África o el Pacífico permitiría reducir los errores de pronóstico entre un 20 % y un 30 %, tal como indica el Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos a Medio Plazo.
En un contexto marcado por esta brecha, los líderes del Foro Económico Mundial clasifican el clima extremo como el principal riesgo global a largo plazo. Según el “Atlas de Mortalidad y Pérdidas Económicas por Riesgos Meteorológicos, Climáticos e Hídricos” de la Organización Meteorológica Mundial, los peligros relacionados con los fenómenos meteorológicos extremos causaron pérdidas por valor de 4,3 billones de dólares y provocaron casi dos millones de víctimas mortales durante el último medio siglo. El Banco Mundial calcula que el acceso universal a estos sistemas de prevención evitaría al menos 13.000 millones de dólares en pérdidas materiales y 22.000 millones en mermas de bienestar cada año. Una alerta con solo 24 horas de antelación reduce los daños por tormentas u olas de calor hasta en un 30 %, como confirma el Centro Global sobre Adaptación.
En paralelo, el último informe sobre el “Estado del clima” de la OMM confirma que 2025 fue uno de los tres años más cálidos de la historia documentada. De hecho, los últimos 11 años han sido los más cálidos desde que se tienen registros. Las concentraciones récord de gases de efecto invernadero provocarán un calentamiento sostenido para las generaciones venideras, una realidad que exige fortalecer la red de observación global.
ESPAÑA ANTE LOS RIESGOS CLIMÁTICOS
En el contexto europeo, España es uno de los territorios más vulnerables frente a las alteraciones atmosféricas. El último informe de Evaluación de riesgos climáticos de la Agencia Europea de Medio Ambiente clasifica el sur de Europa como una zona crítica ante el calentamiento global debido al incremento de episodios de calor extremo y sequías prolongadas. Estas alteraciones comprometen la seguridad hídrica, la salud pública y la viabilidad de sectores estratégicos como el turismo y la agricultura.
El informe advierte sobre el peligro de grandes y recurrentes incendios forestales y la aparición de enfermedades tropicales, como el dengue, vinculadas al aumento térmico. En regiones ultraperiféricas como Canarias, la vulnerabilidad se intensifica ante el ascenso del nivel del mar y las olas de calor marinas.
Ante esta situación, la observación meteorológica constante resulta vital para anticipar los impactos y diseñar respuestas preventivas eficaces. Sobre esta base científica, la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) promueve la generación de conocimiento científico y el despliegue de soluciones basadas en la naturaleza para mitigar los efectos de la crisis climática en los ecosistemas y la sociedad.
La red de observación constituye una inversión estratégica en seguridad y resiliencia. La inteligencia meteorológica actual permite monitorizar fenómenos extremos y el aumento del nivel del mar, actuando como el primer escudo para la defensa de las comunidades. Solo integrando la ciencia en la gestión se garantizará un futuro próspero y sostenible.