Este fin de semana se celebra el Día Mundial de las Aves, una fecha impulsada por la organización BirdLife International con el objetivo de concienciar a la sociedad sobre la situación actual de estas especies y la necesidad de proteger sus hábitats. Las aves, esenciales para el equilibrio de los ecosistemas, están atravesando un momento crítico, y su conservación es más urgente que nunca. El declive de las aves da la voz de alarma sobre el estado en el que se encuentran los ecosistemas. A nivel internacional, el informe El estado de conservación de las aves del mundo afirma que 5.245 (un 49 %) de las 11.000 especies de aves conocidas han experimentado un declive en su población. Además, recoge que una de cada ocho especies se encuentra en peligro de extinción.
A nivel nacional, la situación es igualmente preocupante. Según el Libro Rojo de las Aves, un 25 % (90 especies) de la avifauna española está amenazada, incluidas en categorías de riesgo de extinción definidas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Además, el 56 % de las especies evaluadas presenta problemas de conservación. Estos datos reflejan la urgente necesidad de tomar medidas para proteger las especies y sus hábitats en España.
Entre las principales amenazas que enfrentan las aves tanto a nivel global como en nuestro país se incluyen la destrucción de sus hábitats, la contaminación, la agricultura intensiva y, de manera creciente, el impacto del cambio climático. Estos factores no solo afectan a las poblaciones de aves, sino también a la estabilidad de los ecosistemas. El calentamiento global está alterando los hábitats y los patrones migratorios, reduciendo drásticamente las áreas donde las aves pueden vivir, alimentarse y reproducirse.
Además de su valor ecológico, las aves cumplen funciones clave en la regulación de los ecosistemas. No solo proporcionan servicios ecosistémicos esenciales, como la dispersión de semillas, la polinización de plantas y el control de poblaciones de insectos, sino que también contribuyen al bienestar humano. La observación de aves, cada vez más popular, se ha demostrado beneficiosa para la salud mental, pues ayuda a reducir el estrés y la ansiedad, y mejora el bienestar general.
En este contexto, tanto el Día Mundial de las Aves como el Día Mundial de las Aves Migratorias, que se celebra el 12 de octubre, nos recuerdan la importancia de proteger estas especies, vitales para la biodiversidad y los ecosistemas. En particular, en 2024 el Día Mundial de las Aves Migratorias destaca la interdependencia entre las aves migratorias y los insectos. Este año, bajo el lema “Protege los insectos, protege las aves”, subraya la alarmante disminución de ambos grupos.
Las aves migratorias dependen de los insectos como su principal fuente de alimento durante sus largos viajes, por lo que sincronizan sus migraciones a la abundancia de estos invertebrados. No obstante, estudios recientes han demostrado una alarmante disminución en las poblaciones de insectos. Un análisis publicado en la revista Science revela que cada década se pierde aproximadamente el 9 % de la población mundial de insectos, lo que impacta de manera directa sobre las aves que dependen de ellos para sobrevivir. Entre los principales factores de esta tendencia se encuentran la deforestación, la agricultura industrial, el uso intensivo de pesticidas, la contaminación lumínica y el cambio climático.
Dentro de este marco de protección, la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) coordina varios proyectos clave, como el LIFE Cerceta Pardilla, cuyo objetivo es revertir el riesgo de extinción de la cerceta pardilla, una de las siete especies declaradas «en situación crítica» en España. Este proyecto ha conseguido hitos importantes, como la recuperación de 141 hectáreas de humedales y la liberación de casi 3.000 ejemplares de la especie en estos hábitats. Destacan también los recientes avistamientos de reproducción de la especie en la Región de Murcia, la Albufera de Valencia y Málaga, lo que supone un avance notable en su conservación.
Asimismo, el proyecto LIFE INTEMARES, también coordinado por la Fundación, se centra en mejorar el conocimiento sobre especies de aves de interés comunitario. Entre los logros, destaca el seguimiento de la pardela balear, cuyos sorprendentes registros incluyen una inmersión de más de 37 metros de profundidad, el mayor récord conocido para esta especie. Estos avances son cruciales para la conservación de las aves marinas y su entorno natural.
Por otro lado, la Fundación Biodiversidad a través del Programa Pleamar, cofinanciado por el Fondo Europeo Marítimo y de Pesca (FEMP), ha contribuido en la implementación de distintas directivas comunitarias relacionadas con la protección y conservación de la biodiversidad en la Unión Europea (UE). Entre ellas se encuentra la Directiva Aves, que tiene por finalidad la conservación a largo plazo de todas las especies de aves silvestres europeas.
También en el marco de este programa se han apoyado proyectos que han contribuido a mejorar el conocimiento y el estado de conservación de 21 especies de aves, algunas de ellas muy amenazadas como la pardela cenicienta (Calonectris diomedea).
El declive de las aves no solo afecta a la biodiversidad, sino también a los servicios ecosistémicos esenciales para nuestra supervivencia. Como indicadores del estado del medio ambiente, las aves nos advierten del deterioro de los ecosistemas, subrayando la necesidad de actuar de manera urgente para protegerlos.