El 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud, una fecha que pone en valor el compromiso mundial a través del cual tuvo lugar la fundación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1948. Con la constitución de este organismo se persigue promover la salud, preservar la seguridad del mundo y proteger a las personas en situación de vulnerabilidad para asegurar el bienestar de todos.
Este año, la OMS celebra su 75º aniversario con el lema “Salud para todos” con el que busca conmemorar los logros y éxitos de la salud pública que han hecho posible mejorar la calidad de vida de la población mundial durante estas últimas siete décadas y subrayar la necesidad de hacer frente a los retos actuales y futuros.
Teniendo presente estas metas, la Organización destaca, además, la idea de cumplir el tercer Objetivo de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS 3: Salud y bienestar) y los otros 16 ODS que deben alcanzarse de aquí a 2030.
Sin embargo, estos retos presentan dificultades para su consecución. A la búsqueda de la salud como derecho fundamental de todo ser humano, se le suma el impacto del cambio climático que no sólo afecta a la contaminación y a la calidad del aire, sino también a la salud física y mental de las personas.
Según la OMS, la contaminación atmosférica es uno de los mayores riesgos ambientales que existen para la salud, causando unos 7 millones de muertes al año debido a los niveles tóxicos del aire contaminado. La última actualización de su base de datos de 2022 establece que el 99 % de la población mundial respira un aire que supera los límites de calidad del aire y que estos contaminantes ambientales en forma de partículas provocan problemas cardiovasculares, cerebrovasculares (ictus) y respiratorios.
La infancia es uno de los colectivos más vulnerables a esta problemática debido a su fisiología en desarrollo y a la exposición prevista a largo plazo. Según la Sociedad Española de Neumología Pediátrica, los niños padecen dos tercios de todas las enfermedades prevenibles debidas a estos aspectos ambientales.
Además, un estudio liderado por ISGlobal, subraya que el 33 % de los nuevos casos de asma infantil en Europa son atribuibles a la contaminación atmosférica. Asimismo, la mala calidad del aire es responsable, según la OMS, de 600.000 muertes anuales de niños y niñas en todo el planeta.
La bronquitis o la bronquiolitis son patologías frecuentes en las consultas pediátricas. Ferran Campillo, uno de los dos únicos médicos en España especializado en pediatría medioambiental, señala en Naturalmente, el podcast de la Fundación Biodiversidad, cómo puede influir la calidad del aire en la salud en la infancia y en la necesidad de renaturalizar los entornos escolares y las ciudades para impulsar urbes más sostenibles y saludables.
En este sentido, Campillo ha indicado que el aire contaminado y de mala calidad no sólo supone una mayor prevalencia de enfermedades respiratorias, sino que también afecta al neurodesarrollo de niños y niñas. “Funciona como un neurotóxico, especialmente cuando la exposición es durante el embarazo y los primeros meses de vida”, ha señalado. De igual forma, aquellos que estén expuestos a una mejor calidad del aire y un menor tráfico motorizado “tienen mejores escalas memoria-trabajo a nivel cognitivo y un mejor rendimiento académico”. Por lo tanto, “mejorar la calidad del aire, especialmente en el ámbito urbano, es una cuestión de equidad, permitiría mejorar las oportunidades de futuro entre los niños,” ha afirmado.
Por su parte, precisamente el tráfico de vehículos en los entornos urbanos produce más del 70 % de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, un factor que, junto al ruido ambiental, causa graves efectos sobre la salud pública.
Actualmente, más del 56 % de la población mundial vive en ciudades y se estima que sea el 60 % en 2030. Por todo ello, es necesario poner en marcha actuaciones que contribuyan a mejorar la calidad del aire y el bienestar de las personas en entornos urbanos.
En este sentido, la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), impulsa proyectos para el fomento de actuaciones dirigidas a la renaturalización y resiliencia de ciudades españolas, en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU, con dos convocatorias de ayudas lanzadas por valor de 122 millones de euros.
Respecto a la convocatoria de 2021 están en marcha ya 18 proyectos con actuaciones que pretenden incrementar la infraestructura verde y la conectividad de los espacios verdes y azules, con el objetivo de incrementar la biodiversidad, la adaptación al cambio climático, la reducción de la contaminación y, en definitiva, mejorar la habitabilidad y salud de nuestras ciudades, así como de las personas que las habitan.
En la actualidad, la Fundación Biodiversidad se encuentra en pleno proceso de evaluación de las 64 candidaturas presentadas a la convocatoria de ayudas de renaturalización de ciudades correspondiente a 2022, dotada con 62 millones de euros y cuya resolución se prevé para finales del primer semestre de 2023. Al igual que en la edición anterior, y en línea con los objetivos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, estas iniciativas buscan reforzar el papel de la naturaleza en el modelo de desarrollo urbano.