20/05/2026

Las abejas y otros polinizadores, esenciales para la biodiversidad y la seguridad alimentaria

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El Día Mundial de las Abejas se celebra cada 20 de mayo, una efeméride proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2017 para reconocer la importancia de este y otros polinizadores para los ecosistemas, la producción de alimentos y el bienestar humano. La fecha conmemora además el nacimiento de Anton Janša, pionero de la apicultura moderna y referente histórico de esta actividad.

Bajo el lema “Juntos con las abejas, por las personas y el planeta. Una asociación que nos sostiene a todos”, la celebración pone el foco en la relación histórica entre las comunidades humanas y las abejas. Durante siglos, la apicultura ha formado parte de la alimentación, la economía local y la identidad cultural. Más allá de su valor cultural y productivo, las abejas y otros polinizadores sostienen procesos esenciales para la biodiversidad.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), cerca del 75% de los principales cultivos alimentarios del mundo y casi el 90% de las plantas silvestres con flores dependen, al menos en parte, de la polinización animal para reproducirse. Esto convierte a los polinizadores en piezas fundamentales para mantener redes ecológicas complejas y favorecer la regeneración natural de los ecosistemas. Además, una revisión científica sobre los servicios de polinización en los bosques recoge estudios en pequeñas explotaciones agrícolas donde una gestión adecuada de la polinización permitió aumentar el rendimiento medio de los cultivos alrededor de un 24%.

La diversidad de polinizadores es mucho mayor de lo que habitualmente se percibe. En el mundo existen alrededor de 25.000 especies de abejas, presentes en todos los continentes salvo la Antártida. Junto a ellas, mariposas, escarabajos, polillas, moscas, avispas, aves y murciélagos desempeñan funciones esenciales para la reproducción de numerosas especies vegetales. La FAO subraya además que contar con comunidades variadas de polinizadores ayuda a mantener la estabilidad de la polinización en distintos paisajes y condiciones climáticas, reforzando la resiliencia de los ecosistemas frente al cambio climático.

El valor de los servicios ecosistémicos que ofrecen va mucho más allá de la producción de miel o cera. Según la guía “Buenas prácticas apícolas para una apicultura sostenible” de la FAO, el valor económico de la polinización puede ser entre 30 y 50 veces superior al de los productos obtenidos directamente de la colmena. La organización recuerda además que una sola abeja melífera puede visitar unas 7.000 flores al día. Los murciélagos, por ejemplo, contribuyen a la polinización de especies relacionadas con cultivos como el agave o el plátano y favorecen la variabilidad genética de numerosas plantas al desplazarse largas distancias.

Pese a su importancia ecológica y alimentaria, las poblaciones de polinizadores están disminuyendo a escala global debido a la pérdida y fragmentación de hábitats, la agricultura intensiva, las especies invasoras, las enfermedades y el cambio climático. La actualización de la Lista Roja Europea publicada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) señala que al menos el 10% especies de abejas silvestres europeas están amenazadas de extinción, más del doble que en la evaluación anterior. Además, el 15% de las especies de mariposas europeas evaluadas afrontan riesgo de desaparición.

España alberga una de la mayor diversidad de abejas silvestres de Europa, con más de 1.100 especies registradas, muchas de ellas endémicas. Para avanzar en su conservación, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) cuenta con una Estrategia Nacional para la Conservación de los Polinizadores, integrada en la Iniciativa Europea sobre Polinizadores.

POLINIZADORES, BIOECONOMÍA Y RESTAURACIÓN DE HÁBITATS

Por su parte, la Fundación Biodiversidad del MITECO impulsa diferentes proyectos orientados a reforzar la apicultura sostenible, la conservación de polinizadores y el desarrollo rural en el marco de la convocatoria de ayudas para el fomento de la bioeconomía, cofinanciada por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

Entre ellos, APIS-FORESTA promueve un modelo de bioeconomía forestal vinculado a la recuperación de colmenas tradicionales, la conservación de la abeja negra ibérica y la restauración de sotos de castaño. El proyecto prevé restaurar colmenas tradicionales, formar a personas en apicultura y aumentar un 40% la población de abeja negra ibérica, además de impulsar actuaciones de reforestación y gestión forestal multifuncional.

Asimismo, la iniciativa AAMZO trabaja para favorecer la convivencia entre la apicultura de montaña y la conservación del oso pardo mediante la instalación de cercados y medidas de asesoramiento para reducir daños en colmenares situados en zonas oseras. El proyecto dará cobertura a 350 explotaciones apícolas de montaña y beneficiará a personas apicultoras en Asturias, Cantabria, Burgos, Palencia y León, contribuyendo tanto a la conservación de la biodiversidad como al mantenimiento de actividades económicas tradicionales ligadas al territorio.

Además, en el marco del PRTR, financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU, la Fundación Biodiversidad ha apoyado iniciativas vinculadas a la apicultura sostenible, la mejora de hábitats y la restauración ecológica. Proyectos como REACTIVA BRAÑOSERA o Laboratorio GAD-EX han reforzado el conocimiento sobre las abejas y la apicultura local, mientras que iniciativas de renaturalización urbana como BRERA, GIJÓN ECORESILIENTE o RenaturaliZA han incorporado especies autóctonas y nuevos espacios verdes para favorecer la fauna polinizadora y mejorar la conectividad ecológica en entornos urbanos.

El Día Mundial de las Abejas recuerda que conservar a los polinizadores no solo implica preservar especies concretas, sino también mantener procesos ecológicos esenciales para la biodiversidad, la alimentación y la resiliencia de los territorios. Para ello, es necesario avanzar hacia paisajes más diversos, reducir presiones ambientales y promover modelos agrícolas más sostenibles para garantizar el equilibrio entre las personas y los ecosistemas.