Las playas de arena, desde la zona de rompientes hasta las dunas, conectan la tierra y el mar. Albergan una biodiversidad única y proporcionan beneficios de los que depende la población, como el ocio y el turismo, la biodiversidad costera y la pesca. Sin embargo, la gestión suele dar prioridad al aspecto y a la comodidad a corto plazo, lo que puede degradar los hábitats y acelerar la pérdida de biodiversidad.
Un componente clave de las playas es el ‘resto marino’: algas y otros elementos marinos que llegan a la orilla. Estos restos alimentan las redes tróficas de la playa, ofrecen alimento y refugio a la fauna silvestre y contribuyen al ciclo de los nutrientes y del carbono. También influyen en la dinámica de la arena y en la recuperación tras las tormentas. A pesar de ello, los restos marinos suelen eliminarse mediante limpieza mecánica, aunque en algunas situaciones (por ejemplo, en caso de especies invasoras) su retirada puede ser adecuada. Los municipios se enfrentan a una cuestión práctica: ¿cuándo deben conservarse, reubicarse, enterrarse o retirarse los restos de algas para equilibrar la biodiversidad, la resiliencia costera, el ocio, la salud pública y los medios de vida?
El proyecto generará datos ecológicos y sociales comparables entre regiones y los traducirá en opciones y medidas viables y adaptadas al contexto local para la gestión de los restos de algas. Las medidas se elaborarán conjuntamente con las partes interesadas y los responsables de la toma de decisiones.