Este 22 de marzo celebramos el Día Mundial del Agua, una efeméride proclamada por primera vez en 1992 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Esta fecha persigue concienciar a la población e impulsar acciones que permitan hacer frente a la crisis del agua y el saneamiento, ya que, en la actualidad, 2.000 millones de personas viven todavía sin acceso a agua potable. Esto supone que 1 de cada 4 personas carecen de agua potable gestionada de forma segura, es decir, que no disponen de agua no contaminada, en un determinado lugar, cuando se necesita.
Este 2023 bajo el lema “Acelerar el cambio” ONU subraya la necesidad de pasar a la acción y señala que actualmente estamos muy lejos de cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 6: agua y saneamiento para todos en 2030, un compromiso mundial que se acordó en 2015.
El acceso al agua y al saneamiento es un derecho humano. Es por ello por lo que, según señala ONU, un ciclo del agua bien gestionado apoya los objetivos que persigue la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible no sólo en aspectos como la alimentación y la salud de las personas sino también en lo que se refiere a la sostenibilidad de los ecosistemas. Además, el agua también está en el centro de la adaptación al cambio climático ya que, sin una adecuada gobernanza y gestión, su escasez podría afectar a una variedad de sectores que dependen de este recurso.
Según la Organización Mundial de la Salud (2022) cada año 1,4 millones de personas mueren y 74 millones ven acortada su vida a causa de enfermedades provocadas por no tener acceso a servicios de agua potable, saneamiento e higiene. Asimismo, prácticamente la mitad de la población mundial carece de sistemas de saneamiento seguros y un total de 1. 800 millones de personas son atendidas o trabajan en centros de atención sanitaria que carecen de servicios básicos de agua.
De igual forma, el agua de los humedales, uno de los ecosistemas más importantes del planeta, también se encuentra amenazada. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) indica que, debido al consumo excesivo de este recurso para fines agrícolas, desde el siglo XVIII se ha perdido casi el 90% de los humedales del mundo. En España, en los últimos 200 años, ha desaparecido al menos el 60% de la superficie húmeda original. Y la situación actual y perspectivas de futuro de los humedales que todavía conservamos son muy preocupantes.
A todo lo anterior se suma el incremento de la población mundial que, según señala la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), supondría un consumo de recursos cada vez más importante lo que hace urgente y necesario que usemos y gestionemos este bien finito de forma eficiente, sostenible y equitativa.