Este 3 de marzo celebramos el Día Mundial de la Vida Silvestre, una fecha proclamada el 20 de diciembre de 2013 por la Asamblea General de Naciones Unidas con el objetivo de concienciar acerca del valor de la flora y fauna salvajes de todos los ecosistemas del planeta. La efeméride conmemora el aniversario de la aprobación en 1973 de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), uno de los tratados más importantes en materia de protección de la naturaleza.
Este año, bajo el lema «Recuperar a las especies clave para la restauración de ecosistemas», se busca concienciar sobre la situación actual de múltiples especies tanto de flora como de fauna, especies de las que depende la subsistencia de multitud de hábitats y ecosistemas. Según la ONU, en la actualidad cerca de 30.000 especies se encuentran en estado vulnerable y más de 8.400 están en peligro crítico de extinción.
El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) subraya entre otros aspectos, que el aumento de las temperaturas tiene efectos cada vez más irreversibles, que se traducen en un incremento en el riesgo de sequías y escasez de agua, entre otros fenómenos. Eso hace que los ecosistemas afronten condiciones dramáticas no vistas en 10.000 años, según afirma el informe. España, en concreto, sería uno de los países que se encontrarían en una situación más vulnerable, especialmente en lo que respecta al sureste peninsular, por lo que la biodiversidad mediterránea sufriría importantes daños.
La subida generalizada de las temperaturas altera la sincronización de los procesos naturales, produciéndose desajustes en los ciclos biológicos de animales y plantas. Esto tiene como consecuencia fenómenos como las floraciones a destiempo o las migraciones de aves en períodos no habituales.
En consecuencia, un millón de especies de animales y plantas, de entre los ocho millones ya conocidos, podrían desaparecer en los próximos años si no se toman medidas urgentes según el último estudio de la ONU al respecto, Nature’s Dangerous Decline “Unprecedented”; Species Extinction Rates “Accelerating”, de 2019. El promedio de especies nativas en los grandes ecosistemas ha disminuido alrededor del 20 % desde inicios del siglo XX. Más del 40 % de los anfibios, casi el 33 % de los corales que forman arrecifes y más de un tercio de los mamíferos marinos están amenazados. En cuanto a los insectos, se estima que en torno al 10 % está también bajo amenaza, mientras que al menos 680 especies de vertebrados en general se extinguieron desde el siglo XVI en adelante, informa el estudio. Como resultado, los ecosistemas se han visto muy dañados. Así, el 75% de los ecosistemas terrestres y un 66% de los marinos ya están gravemente alterados, según Naciones Unidas.
A lo largo de nuestra trayectoria, desde la Fundación Biodiversidad hemos contribuido a la protección y conservación de la vida silvestre a través de distintos proyectos e iniciativas. Además, la Fundación ha comenzado a trabajar recientemente en la conservación de las especies silvestres de fauna y flora amenazadas por su comercio ilegal incluidas en el convenio CITES, a través de una de las convocatorias de ayudas enmarcada en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR). Esta convocatoria busca garantizar que el comercio de las especies no perjudique a su conservación y a su supervivencia a largo plazo, además de consolidar y mejorar la red de centros de rescate CITES.
Los proyectos, que se iniciarán en las próximas semanas, tendrán una duración máxima desde el momento de la concesión hasta el 31 de diciembre de 2025 y su objetivo será reforzar la respuesta para el rescate y acogida de especímenes vivos de las especies incluidas en el convenio CITES, con cuatro líneas de actuación: rescate y acogida de especímenes de especies protegidas, rehabilitación y reintroducción en su hábitat, actualización del inventario de especímenes depositados y sensibilización social sobre el tráfico de especies protegidas.