Cada 22 de mayo se celebra el Día Internacional de la Diversidad Biológica, impulsado por la Organización de Naciones Unidas para recordar la importancia de la biodiversidad en el funcionamiento del planeta y promover actuaciones frente a su deterioro acelerado. Bajo el lema “Acción local para un impacto global”, este año se subraya la importancia de tomar medidas a nivel local que tengan un efecto dominó capaz de extenderse más allá.
Los ecosistemas sostienen funciones esenciales para la alimentación, la salud y la economía, pero los indicadores científicos muestran un deterioro continuado de la biodiversidad a escala global. La Evaluación Global de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) estima que el 75% del medio terrestre y el 66% del marino presentan alteraciones significativas derivadas de la actividad humana, mientras que más del 85% de los humedales se han perdido. La contaminación marina por plásticos se ha multiplicado por diez desde 1980 y afecta al 86% de las tortugas marinas, al 44% de las aves marinas y al 43% de los mamíferos marinos. A ello se suma la degradación de ecosistemas especialmente vulnerables, como los arrecifes coralinos, que han perdido la mitad de su cobertura desde finales del siglo XIX.
Otros indicadores internacionales apuntan en la misma dirección y reflejan la magnitud de este deterioro. La Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) identifica más de 48.600 especies amenazadas de extinción, equivalentes al 28% del total evaluado, mientras que la primera Evaluación Mundial de los Árboles concluye que el 38% de las especies de árboles se encuentra en riesgo. Paralelamente, La edición más reciente del informe Planeta Vivo de WWF documenta una disminución media del 73% en las poblaciones de vertebrados monitorizadas durante las últimas cinco décadas.
Ante este escenario, el Marco Mundial Kunming-Montreal para la Diversidad Biológica establece 23 metas para 2030 y cuatro grandes objetivos para 2050. Entre sus prioridades figuran restaurar el 30% de los ecosistemas degradados, conservar el 30% de las tierras, aguas y mares y reducir la expansión de las especies exóticas invasoras. Naciones Unidas añade que traducir estos compromisos en actuaciones concretas será determinante para detener y revertir la pérdida de naturaleza.
BIODIVERSIDAD, RESTAURACIÓN Y ACCIÓN SOBRE EL TERRITORIO
En línea con estos objetivos, la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) integra la conservación de la biodiversidad como un eje transversal de su actividad, entendiendo que la salud de los ecosistemas resulta inseparable de retos como la adaptación al cambio climático, la resiliencia territorial, la transición ecológica y el bienestar social.
A través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU, se han impulsado actuaciones de renaturalización urbana, bioeconomía, economía circular y generación de conocimiento sobre el patrimonio natural. Este enfoque encuentra continuidad en las iniciativas cofinanciadas por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) que respaldan intervenciones para reforzar y avanzar en ámbitos clave como la infraestructura verde, la conservación marina y la bioeconomía.
De forma paralela, la Fundación cuenta con líneas de apoyo para la recuperación de ecosistemas especialmente sensibles como Doñana y el Mar Menor. En el entorno de Doñana, las convocatorias se orientan a impulsar la mejora ambiental en los ámbitos agropecuario y forestal, la renaturalización de superficies agrarias y el desarrollo territorial sostenible. En el caso de la laguna del Mar Menor, las ayudas promueven la recuperación de su funcionalidad ecológica mediante mejoras ambientales asociadas a la actividad agraria y ganadera.
Los proyectos LIFE bajo la coordinación, participación o apoyo de la Fundación refuerzan asimismo la restauración de hábitats terrestres y marinos, la recuperación de especies amenazadas, la custodia del territorio y la gestión de espacios protegidos. Esta labor permite trasladar los objetivos de conservación a actuaciones concretas sobre el territorio.
La conservación marina constituye igualmente una línea estratégica de actuación. En el marco del Programa Pleamar, cofinanciado por el Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA), se apoyan iniciativas vinculadas a la biodiversidad marina, la restauración del medio acuático, la mejora de la gestión de espacios protegidos, la sostenibilidad pesquera y la transición hacia una economía azul compatible con la preservación de los ecosistemas. Por otro lado, el Programa Empleaverde+, cofinanciado por el Fondo Social Europeo Plus (FSE+), se orienta a reforzar capacidades profesionales, empleo verde y nuevas competencias vinculadas a la transición ecológica.
La diversidad biológica no solo sostiene actividades económicas o medios de vida, sino que constituye la base del funcionamiento de los ecosistemas de los que depende la vida humana. Integrar su conservación en las políticas públicas, la planificación territorial, la actividad económica y el diseño de las ciudades resulta esencial para avanzar hacia sociedades más resilientes, saludables y preparadas frente al cambio global.