01/06/2026

Conservar los arrecifes para reforzar la biodiversidad marina y la salud del océano

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El 1 de junio se celebra el Día Mundial de los Arrecifes, una jornada para visibilizar la importancia de estos ecosistemas marinos y reforzar el compromiso colectivo con su conservación. La efeméride constituye una llamada a la acción ante el deterioro que afrontan los arrecifes como consecuencia del cambio climático, la contaminación y otras presiones derivadas de la actividad humana.

Los arrecifes son comunidades vivas formadas por millones de pequeños organismos marinos, conocidos como pólipos, que generan estructuras de cal capaces de construir grandes formaciones submarinas. Aunque ocupan menos del 0,1% del fondo oceánico, constituyen uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad del planeta. Albergan cerca de 4.000 especies de peces, unas 840 de coral y más de un millón de especies de otros organismos marinos.

La salud de los arrecifes refleja también el bienestar general del medio marino. Estas estructuras proporcionan refugio y zonas de reproducción para distintas especies y sostienen una amplia red alimentaria. Además, se estima que alrededor de 1.000 millones de personas se benefician directa o indirectamente de los servicios ecosistémicos que proveen.

Sin embargo, los arrecifes de coral se encuentran entre los ecosistemas más vulnerables del planeta, con el calentamiento global como su principal amenaza. El aumento de la temperatura del mar provoca episodios de blanqueamiento coralino, un proceso por el que los corales expulsan las microalgas con las que mantienen una relación simbiótica y de las que obtienen gran parte de su energía y coloración. A ello se suman otras presiones como la contaminación por plásticos y aguas residuales, la sobrepesca, determinadas infraestructuras costeras o la degradación de la calidad del agua.

Informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advierten de que, con un aumento de 1,5 ºC de la temperatura global, podría perderse entre el 70% y el 90% de los arrecifes coralinos. Según la División de Ecosistemas Marinos, adscrita al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el planeta podría perder los arrecifes de coral vivos en el año 2050 si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero.

El impacto del calentamiento marino afecta también al Mediterráneo. Investigaciones recientes lideradas por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han constatado que el incremento de la temperatura del mar está reduciendo el crecimiento de Cladocora caespitosa, el único coral endémico mediterráneo. Estudios desarrollados en las islas Columbretes han identificado señales de estrés térmico y descensos en las tasas de crecimiento asociados a las olas de calor marinas registradas durante las últimas décadas.

Además de su valor ecológico, otra investigación científica apunta a que determinados arrecifes profundos del Mediterráneo occidental podrían desempeñar un papel relevante como sumideros de carbono a largo plazo. Estos ecosistemas contribuyen al almacenamiento de carbono orgánico e inorgánico y refuerzan la función del océano en la regulación climática.

CONSERVACIÓN Y RESTAURACIÓN DE LOS ARRECIFES

En este contexto, la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) impulsa distintas iniciativas orientadas a mejorar el conocimiento, la conservación y la restauración de ecosistemas marinos vulnerables, así como a reforzar la gestión sostenible del medio marino y la resiliencia de la biodiversidad frente al cambio climático.

El hábitat de arrecifes, identificado de interés comunitario por la Directiva Hábitats, es uno de los valores que han sido clave para la designación y aprobación de nuevos espacios marinos de la Red Natura 2000, en el marco del proyecto LIFE INTEMARES, que coordina la Fundación Biodiversidad. Los valores naturales que comprende han sido decisivos tanto en los trabajos relacionados con la propuesta de adecuación de la Red como en las campañas oceanográficas de mejora de conocimiento desarrolladas.

Por otra parte, el proyecto LIFE ECOREST, coordinado por el Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC) y del que la Fundación Biodiversidad es socia, ha marcado un hito en la restauración de los arrecifes profundos del Mediterráneo español al reintroducir más de 8.000 corales, gorgonias y esponjas frente a las costas de Cataluña. En la quinta campaña oceanográfica se han constatado avances significativos en la recuperación de estos ecosistemas, con una tasa de supervivencia superior al 90% de los organismos reintroducidos en la primera campaña de 2022.  Además, es relevante el efecto ecológico de “guardería” que han generado estas estructuras al favorecer la presencia de huevos, larvas y peces juveniles, lo que evidencia su papel en el mantenimiento de las comunidades marinas.

En el marco del Programa Pleamar también se trabaja en proyectos orientados a revertir la situación de estos ecosistemas marinos. El proyecto CABALGA, desarrollado por el Instituto de Ciencias del Mar (CSIC) como beneficiario de la convocatoria Pleamar 2023, ha estudiado la viabilidad de acciones de restauración ecológica y mitigación de los impactos de la pesca artesanal sobre las comunidades bentónicas de corales, gorgonias, Posidonia oceanica y bosques de laminaria. Los trabajos desarrollados en Cataluña, Galicia e islas Baleares han permitido restaurar de forma efectiva distintas comunidades marinas y confirmar la viabilidad de las técnicas de reintroducción de organismos bentónicos en condiciones controladas. En una segunda fase, estas actuaciones se extenderán también a la Comunidad Valenciana y al Principado de Asturias.

Por otro lado, el proyecto CORALART, impulsado por la Universidad de La Laguna, busca evaluar científicamente el impacto de la pesca artesanal sobre los ecosistemas de corales mesofóticos en reservas marinas y en Zonas de Especial Conservación (ZEC) del archipiélago canario. La iniciativa trabajará además en el desarrollo de estrategias de mitigación basadas en el conocimiento ecológico y en la participación activa del sector pesquero.

La conservación de los arrecifes constituye, por tanto, una prioridad para preservar la biodiversidad marina, reforzar la resiliencia de las zonas costeras y mantener servicios esenciales. Frenar las emisiones de gases de efecto invernadero, reducir las fuentes de contaminación y promover una gestión sostenible del medio marino resultan medidas determinantes para favorecer la recuperación y adaptación de estos ecosistemas frente al cambio climático.