Cada 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, la fecha más representativa para la movilización ambiental a escala global. La Asamblea General de las Naciones Unidas estableció esta efeméride en 1972 bajo el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) con el propósito de fomentar la concienciación y la acción en favor del planeta. El lema de este año urge a actuar #PorElClimaYa y pone el foco en el cambio climático y en la necesidad de acelerar soluciones que permitan adaptarse a sus impactos, reducir emisiones y reforzar la resiliencia de los ecosistemas.
El planeta lleva décadas mostrando señales de deterioro. Las temperaturas baten récords, las sequías se intensifican, los fenómenos meteorológicos extremos se multiplican y los glaciares retroceden mientras el nivel del mar no deja de crecer. Según Naciones Unidas el período entre 2015 y 2025 ha sido el más cálido registrado y el año 2024 fue el primero en superar en 1,55 °C los niveles preindustriales, lo que superó el límite crítico fijado por la comunidad científica. Mientras, las previsiones científicas apuntan a que las sequías podrían afectar a cerca del 75% de la población mundial hacia mediados de siglo y un tercio de los glaciares actuales podría desaparecer en las próximas décadas.
Frente a este escenario, la acción climática se debe consolidar como una de las principales prioridades internacionales. Para mantener el calentamiento por debajo del límite de 1,5 °C, resulta imprescindible reducir a la mitad las emisiones anuales de gases de efecto invernadero antes de 2030.
De continuar así, la OMS estima que los daños directos sobre la salud podrían suponer entre 2.000 y 4.000 millones de dólares anuales antes de 2030. Asimismo, según diversas estimaciones, los impactos económicos asociados al cambio climático en el escenario actual podrían suponer unos 38 billones de dólares al año de aquí a 2060, aproximadamente seis veces más de lo que costaría implementar medidas para no superar los dos grados de calentamiento.
En particular, la restauración de los ecosistemas es una de las herramientas más eficaces y rentables frente al cambio climático, capaz de generar empleo, atraer inversión y fortalecer el tejido económico de los territorios. Además, los bosques, los humedales, los suelos y el océano actúan como sumideros de carbono esenciales, regulan el ciclo del agua, amortiguan los efectos de los fenómenos extremos y sostienen una amplia diversidad biológica.
Por su parte, las ciudades constituyen también un ámbito clave. Naciones Unidas estima que los entornos urbanos generan más del 70% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, pero concentran gran parte de las oportunidades para avanzar hacia modelos más sostenibles. La infraestructura verde urbana, la rehabilitación energética de edificios y los sistemas de refrigeración sostenible contribuyen a reducir emisiones y a mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.
Por ello, el trabajo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) se orienta precisamente en esta dirección. A través de iniciativas de conservación de la biodiversidad, restauración de ecosistemas o renaturalización urbana, contribuye tanto a reducir emisiones como a preparar los territorios para los impactos climáticos, que ya son una realidad.
El Día Mundial del Medio Ambiente nos recuerda que la respuesta al cambio climático requiere la implicación conjunta de administraciones públicas, sector privado, comunidad científica y ciudadanía. Avanzar hacia sociedades más resilientes pasa por reducir emisiones, adaptarse a los impactos y reforzar la conservación de los ecosistemas que sostienen el bienestar humano y la actividad económica.