29/09/2026

Desperdiciar alimentos también deja huella en el planeta

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La Organización de Naciones Unidas (ONU) impulsa cada 29 de septiembre el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, con el objetivo de sensibilizar sobre sus consecuencias sociales, económicas y ambientales y promover soluciones en toda la cadena alimentaria. Este año, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) celebra la jornada bajo el lema «El potencial transformador de reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos», destacando sus beneficios para mejorar la seguridad alimentaria, conservar los recursos naturales, reducir las emisiones y favorecer el desarrollo económico.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el 19% de los alimentos disponibles para el consumo termina desperdiciándose en los hogares, la restauración y el comercio minorista. Solo en 2022, esto supuso 1.050 millones de toneladas de alimentos que no llegaron a consumirse.

La mayor parte de este desperdicio se produce en los hogares, que concentran el 60% del total, frente al 28% de los servicios de alimentación y el 12% del comercio minorista. Unas cifras especialmente relevantes si se tiene en cuenta que, en 2025, una de cada 13 personas padeció hambre y cerca de una de cada tres no pudo permitirse una dieta saludable.

ALIMENTOS QUE SE PIERDEN, RECURSOS QUE SE DESAPROVECHAN

El desperdicio de alimentos supone también desaprovechar los recursos naturales empleados para producirlos. Los alimentos que no se consumen ocupan más de una cuarta parte de la superficie agrícola mundial, una extensión superior a la de Canadá o China. A ello se suma que alrededor de una cuarta parte del agua dulce utilizada por la agricultura mundial se destina a alimentos que acaban perdiéndose o desperdiciándose.

Esta huella se extiende también al clima. La pérdida y el desperdicio de alimentos son responsables de aproximadamente el 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Cuando un alimento no llega a consumirse, se desaprovechan tanto los recursos utilizados como las emisiones asociadas a su producción, transformación, refrigeración, almacenamiento y transporte.

EL DESPERDICIO ALIMENTARIO EN EUROPA Y ESPAÑA

En la Unión Europea se generaron alrededor de 58 millones de toneladas de residuos alimentarios, equivalentes a unos 130 kilos por habitante. Más de la mitad procedió de los hogares, que concentraron el 53% del total. Mientras, en España, el desperdicio alimentario mantiene una tendencia descendente desde 2020. Según el Informe Anual 2025 de Desperdicio Alimentario, se desperdiciaron cerca de 1.130 millones de kilos o litros de alimentos y los hogares concentraron el 97,5% del total, con una media de 24,3 kilos o litros desperdiciados por persona a lo largo del año.

Para seguir avanzando, la Ley 1/2025, de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario prioriza evitar los excedentes y, cuando no sea posible, destinarlos a donación o redistribución para consumo humano. A esta respuesta se suman acciones cotidianas como planificar las compras y los menús, ajustar las raciones y conservar correctamente los alimentos.

Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos permite aprovechar mejor los alimentos y los recursos naturales, disminuir las emisiones asociadas al sistema alimentario y avanzar hacia la meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que plantea reducir a la mitad el desperdicio alimentario per cápita y disminuir las pérdidas a lo largo de las cadenas de producción y suministro para 2030.