En 2018, la Asamblea General de Naciones Unidas declaró el 3 de junio como Día Mundial de la Bicicleta, fecha que busca poner en valor los beneficios de utilizar este medio de transporte saludable, limpio y sostenible.
Actualmente, el incremento global de la población sigue generando un uso generalizado de automóviles, lo cual conlleva altos niveles de contaminación acústica y ambiental. Las áreas urbanas son especialmente sensibles a esta problemática, ya que albergan el 54 % de la población mundial y se prevé que para 2050 esta cifra alcance el 68 %, según el Informe Mundial de las Ciudades de 2022, elaborado por ONU-Habitat.
En consecuencia, las emisiones de gases de efecto invernadero siguen elevándose. El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) alerta de que el calentamiento global ya está en 1,1 ºC, cerca del límite de 1,5 ºC fijado en el Acuerdo de París. Ante esto, Naciones Unidas ha establecido el objetivo cero emisiones, consistente en reducir casi la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2030 y alcanzar el “cero neto” en 2050.
En este contexto, la bicicleta se presenta como un modo de transporte sostenible que, al no depender de combustibles fósiles, no produce emisiones y que, además, reporta numerosos beneficios asociados a su uso.
Según Naciones Unidas, la bicicleta es un elemento clave para la adaptación y mitigación de los efectos derivados del cambio climático y para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Por un lado, contribuye a un aire más limpio al reducir el uso de vehículos de combustión, disminuyendo los niveles de congestión, ayudando a solucionar los problemas de movilidad en las ciudades y reduciendo también los niveles de contaminación acústica, ya que más del 70 % del ruido en las ciudades procede del tráfico motorizado.
Por otro lado, la bicicleta también es un medio de transporte versátil, ya que requiere de menos espacio que otros medios de transporte. Así, una plaza de aparcamiento de un automóvil ocupa el mismo espacio que 10 bicicletas, por lo que promocionar su uso ayuda a aumentar el espacio público para destinar su utilización para otros fines, como, por ejemplo, la creación de nuevas zonas verdes en ciudades.
Además, en las últimas décadas se ha detectado una disminución en la práctica de actividades físicas que implican movilidad. Según datos de la Revista Española de Salud Pública, el tiempo total de sedentarismo diario ha aumentado en más de 2 horas en todo el mundo después de los efectos de la crisis generada por la COVID-19, lo que aumenta el riesgo de padecer obesidad y enfermedades cardiovasculares.
El uso de la bicicleta implica practicar una actividad deportiva de intensidad moderada, por lo que reporta grandes beneficios para la salud. Así, pedalear entre 20 y 30 minutos al día contribuye a mejorar la salud cardiovascular, a prevenir cardiopatías, a aumentar la capacidad pulmonar, a reducir el colesterol en sangre y a disminuir la mortalidad prematura. Las personas que usan la bicicleta como su medio de transporte habitual acumulan dos horas de actividad física adicional por semana. Asimismo, la bicicleta contribuye a mejorar la salud mental y el sentimiento de bienestar influyendo de forma positiva en el estado de ánimo, convirtiéndose en un buen antídoto para reducir el estrés y la depresión. Por todo lo anterior, la apuesta por este modo de transporte contribuye no sólo a mejorar la salud de las personas sino al impulso de un planeta más sano.