El 17 de mayo se celebra el Día Mundial del Reciclaje, una efeméride establecida por las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) con el fin de sensibilizar y concienciar sobre la importancia de reducir, reutilizar y reciclar. Esta fecha también persigue trasladar a la sociedad la necesidad de hacer un uso responsable de las materias primas para su transformación en bienes de consumo o de realizar una buena gestión en el tratamiento posterior de residuos para colaborar con la protección del planeta.
En la actualidad, más de 40.000 especies están amenazadas según la Lista Roja de la UICN (2022), y la extrapolación a partir de ahí sugiere que un millón de especies podrían estar en peligro de extinción (IPBES, 2019). Las actividades humanas, especialmente las vinculadas a la economía ligada a un modelo lineal, amenazan gravemente la conservación de la biodiversidad. Según el Panel Internacional de Recursos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2019) el 90 % de la pérdida de biodiversidad y el estrés hídrico están causados por la extracción y el procesamiento de recursos naturales.
El informe ‘The Nature Imperative: How the circular economy tackles biodiversity loss’ (2021) señala algunas amenazas en este sentido. En el sector alimentario, por ejemplo, la expansión de la agricultura en terrenos naturales provoca la pérdida de hábitat, mientras que muchas prácticas agrícolas convencionales provocan la contaminación del aire y el agua, así como la sobreexplotación de los recursos naturales. En caso del sector industrial, la producción y el procesamiento de materias primas emite grandes cantidades de gases de efecto invernadero y otros contaminantes.
Para detener y revertir la pérdida de biodiversidad, el documento señala la importancia de transformar la forma de producción, uso y consumo de los productos y alimentos, ya que de otra forma los esfuerzos de conservación y restauración por sí solos no serían suficientes.
En línea con lo anterior, la economía circular se presenta como un modelo de transformación alternativo esencial. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) mediante el informe ‘Towards a circular economy that begins and ends in nature’ (2022) define la economía circular como un sistema económico en el que el valor de los productos, materiales y otros recursos de la economía se mantiene durante el mayor tiempo posible, potenciando su uso eficiente tanto en la producción como en el consumo, reduciendo el impacto medioambiental de su uso, minimizando los residuos y la liberación de sustancias peligrosas en todas las fases de su ciclo de vida, incluso mediante la aplicación de la jerarquía de residuos.
De esta forma, el documento ‘The Nature Imperative’ señala que la economía circular crea oportunidades para un nuevo y mejor modelo de crecimiento, que no sólo ayuda a proteger y recuperar la biodiversidad, sino que también brinda otros beneficios para toda la sociedad, como ayudar a enfrentar el cambio climático, mejorar la calidad del aire y el agua y reducir el coste de acceso a bienes y servicios.
Para hacer frente a las causas fundamentales de la pérdida de biodiversidad se indican tres principios clave que se pueden aplicar en diferentes sectores industriales, lo que permite beneficios para la biodiversidad a lo largo de toda la economía.
El primero se basa en eliminar los residuos y la contaminación para reducir las amenazas directas a la biodiversidad a través, por ejemplo, del rediseño de productos que puedan circular en la economía sin generar residuos. El segundo señala la necesidad de hacer circular productos y materiales para dejar espacio para la biodiversidad, por ejemplo, utilizando materiales reciclados en industrias como la electrónica, lo que conllevaría a excavar menos en minas, beneficiando a la biodiversidad y evitando emisiones de gases de efecto invernadero y contaminación. El último principio se centra en regenerar la naturaleza, para permitir que la biodiversidad prospere. Por ejemplo, los enfoques agrícolas regenerativos pueden secuestrar carbono en el suelo y mejorar su salud, aumentar la biodiversidad en los ecosistemas circundantes y permitir que las tierras agrícolas continúen siendo productivas en lugar de degradarse con paso del tiempo.
Para contribuir en la transición hacia este nuevo modelo e impulsar la economía circular en el sector privado, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) ha lanzado, a través de la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental y con la participación de la Fundación Biodiversidad como entidad colaboradora, una convocatoria de ayudas en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) financiado por la Unión Europea – Next Generation EU, con una dotación total de 192 millones de euros.