17/06/2024

Una gestión sostenible de la tierra, esencial en la lucha contra la desertificación y la sequía

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Cada 17 de junio se celebra el Día de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1994 para sensibilizar sobre los problemas relacionados con la degradación de la tierra y las consecuencias de la escasez de agua y mostrar soluciones para prevenirlos.

Este año, bajo el tema “Unidos por la Tierra. Nuestro legado. Nuestro futuro”, se centra en la gestión de la tierra para garantizar la estabilidad y la prosperidad de miles de millones de personas en todo el mundo. El objetivo es movilizar a todos los sectores de la sociedad en favor de la gestión sostenible de la tierra. Implicar a las generaciones presentes y futuras es esencial para detener y revertir la situación actual y cumplir con el compromiso mundial de restaurar 1.000 millones de hectáreas de tierra degradada para 2030.

Una tierra sana proporciona casi el 95% de nuestros alimentos, generaempleo y medios de vida y sirve de protección ante sequías, inundaciones e incendios forestales, que aumentan cada vez más como consecuencia del cambio climático. Sin embargo, cada segundo se degrada un área de tierra equivalente a cuatro campos de fútbol, lo que equivale a 100 millones de hectáreas cada año..

Según la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, hasta el 40% de toda la superficie terrestre del mundo ya se considera degradada. Por tanto, la desertificación, la degradación de la tierra y la sequía se encuentran entre los desafíos ambientales más apremiantes de nuestro tiempo.

Patrones de producción y consumo insostenibles, junto al crecimiento demográfico, alimentan la demanda de recursos naturales, ejerciendo una presión excesiva sobre la tierra hasta el punto de su degradación.

Como consecuencia, disminuye la productividad del suelo y aumenta la pérdida de biodiversidad, así como sus efectos como sumideros de carbono. Pero sus impactos van más allá de la naturaleza. La desertificación tiene serias consecuencias sociales y económicas, como el abandono progresivo de las zonas rurales y la migración forzosa.

De los más de 8.000 millones de habitantes del mundo, más de 1.000 millones de jóvenes menores de 25 años viven en países en desarrollo, particularmente en regiones que dependen directamente de la tierra y los recursos naturales que nos proporciona para nuestra supervivencia.

En muchos países afectados por la desertificación, la degradación del suelo y la sequía, la agricultura representa una parte importante de los ingresos económicos. Por tanto, la gestión sostenible de la tierra beneficia tanto a la naturaleza como al crecimiento económico. Cada dólar invertido en restaurar la tierra puede generar hasta 30 dólares a cambio.

En España, casi las tres cuartas partes del territorio son consideradas “tierras secas”. Se caracterizan por su variabilidad climática, una productividad limitada por la escasez de agua y una renovación de los recursos lenta, lo que las hace más propensas a la desertificación.

Para hacer frente a esta crisis internacional, España participa activamente como parte de la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación. En 2008, se elaboró el primer Programa de Acción Nacional contra la Desertificación. En 2022, se desarrolló una nueva Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación, que establece un marco para las políticas e iniciativas que contribuyan a la lucha contra la desertificación, a alcanzar la neutralidad en la degradación de la tierra y a la restauración de las zonas degradadas.